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A raíz de la Convención de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en París de 2015, se acordó realizar esfuerzos para limitar el aumento de las temperaturas globales de cara al 2050.
Por lo que en el panorama de la Transición Energética Mundial 2022, se trazó un mapa para los próximos ocho años: con miras a tener resultados significativos para el 2030, así como formular políticas para que todos los países involucrados se mantengan en el camino
hacia el 2050.
Este informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables publicado el pasado marzo de este año, proporciona un análisis a profundidad de dos áreas esenciales para la descarbonización: electrificación y bioenergía. Explora también los impactos socioeconómicos y sugiere formas de acelerar el progreso hacia el acceso universal a energía sustentable, y las regiones de Latinoamérica y Caribe no quedan exentos ni fuera de este panorama global, y sustenta sus actividades en ciertas áreas, de acuerdo a la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
“Los países de América Latina y el Caribe (ALC) han utilizado durante décadas escenarios a largo plazo y herramientas de planificación energética para informar la planificación nacional, proporcionando excelentes ejemplos acerca de cómo los gobiernos pueden hacer un uso estratégico de dichos escenarios en el contexto de transiciones energéticas limpias "complejas”, de acuerdo al panorama de la IRENA.
De hecho, de acuerdo al mismo estudio de la IRENA, la inversión privada dedicada a energía sustentable, es el principal contribuyente en la creación de empleos en México, mientras que la cooperación internacional impulsa el gasto del gobierno en servicios públicos (salud y educación), lo que a su vez crea más empleos.
En información liberada el pasado mes de julio en la página oficial del Gobierno de México, la ahora llamada Ley de Transición Energética, sustentó la creación del FOTEASE (Fondo para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía), todo en el marco del panorama global.
Este instrumento promueve la utilización, el desarrollo y la inversión de las energías renovables y la eficiencia energética, permitiendo, entre otras cosas:
El uso y aplicación de tecnologías limpias y energía sustentable en todas las actividades productivas y de uso doméstico, comercial, industrial y agropecuario.
La diversificación de fuentes primarias de eficiencia energética, incrementando la oferta de energía renovable.
El establecimiento de un programa de normalización para la eficiencia energética.
La difusión de medidas para la eficiencia energética, así como el ahorro de energía.
En general y como conclusión; se trata de las medidas necesarias para que todos los mexicanos tengan acceso a información confiable, oportuna y de fácil consulta en relación a su consumo energético.
Estas iniciativas se alinean con los objetivos mundiales y el panorama general que instituciones privadas y gobiernos de otros países están implementando para lograr, en conjunto, los objetivos del Acuerdo de París.
Los resultados a nivel económico por región son sustanciales al utilizar energías sustentables, que no solo van alineados con los proyectos internacionales, sino que también impactan de forma positiva al consumidor final en América Latina, el Caribe y el resto de
Europa. Sin embargo, incrementar la cooperación internacional, gubernamental y privada es fundamental, proporcionando beneficios fiscales que se relacionan con el gasto del consumidor e impulsan los resultados en estas regiones.
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